El bici polo y las jinetes de Independencia

Alrededor de las 18.00 horas del primer domingo de junio – Día Mundial de la Bicicleta – la noche ya es inminente. Los focos de la cancha del Estadio Municipal de Independencia se prenden, iluminando no solo a quienes vuelan sobre dos ruedas. La luz también cae sobre un amplio mural que adorna el costado del rectángulo de cemento. En la pared, llena de colores vivos, hay dos trazos negros a cada lado que dibujan el contorno de dos deportistas. No son figuras de futbolistas ni de basquetbolistas. Son trazos de personas en bicicleta, con un brazo en el manubrio y el otro sosteniendo un taco con una especie de maza pequeña en la punta.

Aquí, el dueño de las tardes es el bici polo, deporte que Bárbara Anríquez (32) practica hace aproximadamente nueve años. Junto con Nelly Zúñiga (36) y Flavia Leguizamón (30) conforman el equipo “Zordas”, que entrena todos los domingos y martes en este pequeño rincón que les facilitó la municipalidad de Independencia hace casi dos años. Sin embargo, esta no es la única cancha que conocen. Brasil, Ecuador, Argentina y Estados Unidos, son algunos de los países en los que este trío ha demostrado sus habilidades adquiridas con años de auto enseñanza comunitaria y práctica.

“Todo siempre ha sido autogestionado y financiado por nosotras. Todo lo que hemos viajado y conseguido ha sido puro esfuerzo y trabajo autónomo. En cierto sentido es bonito porque no dependemos de nadie. Siempre comentamos, cuando competimos afuera, que nosotras no representamos a un país, solo nos representamos como equipo. Porque este país no nos ha entregado nada“, dice Zúñiga, mientras espera en la banca a que se acaben los quince minutos del juego que ya está en marcha. Los que llevan el tiempo gritan “¡polo!” y Nelly sabe que ahora es su turno de ponerse las rodilleras y el casco y entrar a jugar. En septiembre próximo es el mundial de bici polo en Córdoba, y tiene que estar a punto para la ocasión.

Ni Bárbara, ni Nelly, ni Flavia tienen un cupo para el torneo internacional este año. Sin embargo irán igual, con la esperanza de obtener el único cupo que se disputa en el torneo “Wildcard” -que es un clasificatorio-, justo antes del mundial. Las tierras argentinas les son gratas a las “Zordas”, ya que el último campeonato latino que ganaron fue en Rosario en 2016. Esto tomando en cuenta que, recién desde marzo de este año, pueden entrenar en una cancha con las barreras perimetrales que exigen las normas internacionales de este deporte. “Jugamos como 7 años en una cancha redonda”, aclara el equipo.

El polo y su urbanización

Bárbara Anríquez llegó al bike polo el 2010 a través del grupo “Ciclistas furiosos”. Primero comenzó a ir a las cicletadas de los martes por Santiago, que se hacían – y aún se hacen – para que las bicicletas y quienes las montan ganen visibilidad dentro de las calles de la capital. “Luego me invitaron a jugar Polo. Y, como todas, llegué por curiosidad. A tomar cerveza, porque al principio habían como 40 personas  afuera de la cancha que solo iban a mirar el bici polo y a compartir”, dice Anríquez. “Se jugaba en la plaza Bogotá, en Ñuble con Sierra Bella. Es una plaza súper redonda, bien bonita. Y de ahí nos escapamos los que quisimos profesionalizar esto, porque no es lo mismo jugar en una cancha redonda que en una rectangular”.

El bici polo es un deporte que se juega en una cancha de cemento rectangular – del tamaño de una de fútbol sala o de básquetbol – con equipos de tres personas que van montadas en sus bicicletas. De las cuales, reglamentariamente, no pueden descender. Lo único que pueden apoyar en el piso durante los 15 minutos que dura un encuentro son los tacos o mallets que portan para golpear la pequeña pelota, que es un poco más grande y dura que una de tenis. El objetivo, como en su simil con caballos, es llevar la pelota con el taco y anotar en el arco rival. “Lo mejor”, cuenta la ciclista, “es que es un deporte que no discrimina por género, pues tanto a nivel local como internacionalmente, los equipos están conformados por hombres, mujeres y personas que no se identifican con los géneros binarios. Es un deporte para todes”.

“Al principio era yo con puros chiquillos”, relata quien trabaja media jornada de garzona y entrena domingos y martes con el club Santiago Bike Polo. “De ahí de a poco fueron llegando más mujeres, pero no todas se quedaban claro. En 2014 éramos tantas que organizamos una liga femenina que se llama “Las niñas”. Era una bonita excusa para juntarse con otras mujeres a jugar, porque claramente todos los deportes están gobernados por hombres. Llegamos a tener 2 equipos fuertes con los que competimos en Brasil, Colombia y Argentina. Pero después fueron desapareciendo algunas chicas hasta que ya no pudimos seguir con la liga femenina”, explica Bárbara.

Sin embargo, “Zordas” se mantuvo y ganó su primer Torneo Latino Femenino “Interpolas” – campeonatos para mujeres y gente no heteronormada que se realizan en forma paralela a los torneos latinos internacionales – en Argentina el año 2016.

“Eso de los torneos inclusivos aún no llega a suceder aquí en Chile porque somos muy poquitos. Pero sería muy bonito que, por ejemplo, la comunidad trans se interesara en ir a estos torneos y participar en este deporte, que no clasifica por género, y que es amable y abierto para todos“, expresa Nelly Zúñiga, haciendo un contraste con la exclusión y el machismo que aún está muy presente en Chile y, sobre todo, en el mundo de las competencias físicas.

El sueño de todas

Este domingo llegaron alrededor de 12 personas a la cancha de la calle Salomón Sack. En el grupo hay cuatro mujeres, incluyendo a Flavia que llegó más tarde a mirar, debido a que se está recuperando de una fractura. Lo que no impidió que, de igual manera, entrara a jugar un partido. Sin embargo, todos y todas tuvieron que echarle agua caliente a la matera y esperar una hora, cuando ya había comenzado el horario que la municipalidad de Independencia les dio para ocupar la cancha. Hay alguien más que necesita ocupar el espacio.

Bárbara explica que es el acuerdo al que llegaron con una señora residente del sector. “Al principio ella se enojó mucho, porque le quitamos la cancha en el horario en que ella viene a entrenar a su hija”, dice. “Ella estaba muy frustrada porque nos decía que no tenía los recursos ni los conocimientos que tenemos nosotros, para solicitar un horario especial en la cancha, escribir un mail, juntar documentos y todas esas cosas. Ella era patinadora y nunca pudo surgir debido a que no la apoyaron, y ahora entrena a su hija y se preocupa de que no le pase lo mismo”.

“Pero solo le faltaba conversar con nosotras. Nosotras si la apoyamos, porque la entendemos y queremos lo mismo para todas”, concluye la jugadora de bici polo.

Según Nelly Zuñiga, “en cualquier espacio donde hayan hombres se hace incluso más difícil para una, aún en un deporte por esencia mixto como este“. “Aquí en este club no pasa tanto, pero en otros clubes de otros países se da mucho el machismo”, sostiene la deportista, que ha logrado hacerse un lugar en esta disciplina y asegura que le ha dado los mejores años de su vida.

Para Flavia Leguizamón el bici polo ha significado viajar y conocer. “Yo estuve viviendo en México gracias a que concocí gente por esto. Y ya antes también viví en Brasil un tiempo y, de nuevo, no podría haberlo hecho si no hubiera conocido a la gente del bici polo. Es una comunidad que te abre muchas puertas. Una familia así es difícil de encontrar en los deportes más masivos”, comenta la estudiante de arquitectura que acaba de volver del país azteca.

Ese rasgo comunitario del deporte es el que hace, según Bárbara Anríquez, que el bici polo haya sobrevivido y crecido en esta década. “A nosotros, en Chile, nos cuesta hacer cosas por los demás. Eso es lo bueno de esto, que es un trabajo colaborativo. Hacer las gestiones para un torneo internacional como el que hicimos en marzo aquí en Independencia, en esta misma cancha, donde tuvimos a más de 50 jugadores de distintos países, pedir los permisos, pintar el mural, etcétera. Es todo un trabajo colectivo, no puedes pensar que vas a jugar sola“.

“En el bici polo, lo que pasa adentro de la cancha se relaciona mucho con lo que pasa afuera de ella. La voluntad de llegar a la hora, de ser inclusivo, de cuidar el lenguaje y de respetar”, dice la integrante de “Zordas”.

Y, ¿Por qué se llaman “Zordas”?

Porque son dos zurdas en el equipo y eso es poco convencional. Además al principio no nos escuchábamos mucho en la cancha”, bromea Anríquez. “Pero a modo muy personal, para mí el nombre refleja la esencia del juego. El polo es como bailar en silencio. Es como gente sorda bailando”.

Fuente: www.eldesconcierto.cl

Deja un comentario